No tardé en empezar a poner mi firma por el barrio. Tendría unos 13 o 14 años cuando me compré un rotulador permanente y me puse manos a la obra: papeleras, contenedores, carteles... Fue ya en el instituto con 16 años cuando conocí a unos chicos que sabían mejor de qué iba el tema. Ellos me hicieron dar el paso y comencé a usar el spray Montana. Recuerdo que nos colábamos en unas instalaciones militares abandonadas para practicar. Y de ahí pasamos a pintar por la calle y el pasatiempos se convirtió en un vicio.
De vez en cuando me gusta agarrar un spray y fingir que el tiempo no ha pasado. Pero ahora nos jugamos más, ya no somos niños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario